Aurora Crespo
Estoy
de pie sobre el lago helado
Por aquellos tiempos
no era normal ver a
una chica
de alcurnia como yo
fijarse en un
chico como él.
Y así os contaré
mi historia
entre frases y
llantos,
ya que no es para mí
nada fácil contar
una historia de amor,
pero amor
imposible.
Allá por el 1910,
un apuesto
caballero
acababa de llegar a
Villanela,
un hermoso pueblo
en cuyo lugar yo
habitaba.
El caballero, de
nombre Martín,
había terminado
hace poco
su carrera de
guardia civil,
o como los llamaban
“Miguelete”.
Su destino fue
Villanela,
donde se topó
conmigo.
Al principio he de
reconocer
que me desagradó
sobremanera
la forma en que se
dirigió a mí.
No puedo decir que
no sea una chica torpe
ya que estaría
mintiendo.
Yo montaba
tranquilamente
por un camino a las
afueras del pueblo
al lado del río,cuando unos
salvajes
intentaron robarme,
y aunque sea torpe,
soy valiente como la
que más
y me atreví a
salir
detrás de aquellos
malnacidos.
De repente
se cruzó por mi camino
Martín, y los
malnacidos huyeron.
Al poco de cruzarse
nuestras miradas,
le recriminé el
cruzarse en mi camino
y él me contestó
con un frío
“es usted una
insensata señorita” ,
aunque tenía razón
no tenía ningún
derecho a gritarme de ese modo.
Camino a comisaria
para poner una
denuncia
rompió el
silencio para preguntarme
“Y…Por
cierto. ¿Cuál es su nombre señorita?”
“Manuela , me
llamo Manuela…¿Y usted?”
“Martín”.
Puesta la denuncia volví a casa.
Y él como un
caballero,
se propuso para
acompañarme.
Aquella noche no
pude ni dormir
pensando en aquel
apuesto muchacho
que aunque se topó
en mi camino
por una mala acción
de unos salvajes
me encantó haber
conocido.
A partir de aquel
instante me enamore de él.
Aunque mi
preocupación aumentó,
cuando recordé como
se lo tomaría mi padre
si yo llegase a
salir con él.
Mi padre era
Gonzalo de Castro,
el hombre más
cerrado de mente
que yo haya podido
conocer.
Sus planes para mí
eran casarme
con alguien de mi
alcurnia
y no con una
aprendiz de “Miguelete”,
pero ni eso ni
ninguna otra cosa del mundo
podían hacer
cambiar
los sentimientos
que
acababan de aflorar
en mi corazón.
A la mañana
siguiente
paseaba por la
plaza,
pensando en Martín
y en qué haría
cuando me encontrase con él
se lo confesaría,
o ¿quizás era
demasiado pronto?
Todavía no sabía
si el sentimiento
era mutuo,
o simplemente era
para él
una muchacha
insensata.
Noté una mano
agarrando mi brazo,
me temí lo peor,
la mano me arrastró
hasta una calle,
allí fue cuando
estuve frente a frente
pecho con pecho con él,
me besó y me
susurró al oído:
“Te espero donde
nos conocimos ,
a las afueras del
pueblo junto al río” ,
cuando terminó, me
besó de nuevo
y marchó para el
cuartel.
No pudo evitar
volver la mirada y sonreírme
cuando se alejaba ,
asombrada
y sin palabras le
devolví
la mejor de mis
sonrisas.
Al regresar a casa ,
buscaba que ponerme
,
tenía que estar
brillante
para la cita con Martín.
Mi sorpresa, ver
entrar a mi padre
en la alcoba, con
cara de enfado,
al parecer mandó
seguirme,
y me habían visto
con Martín en la plaza.
Yo creía que se
disgustaría,
pero no hasta el punto de encerrarme.
“Te quedarás aquí, hasta que escarmientes"
Pero escape y fui a
encontrarme con Martín.
Allí me vio
llorando cuando llegó
y me preguntó:
”¿Qué pasa
Manuela? Algo no va bien..”
a lo que respondí
algo que aprendí en Sayoc,
uno de mis muchos
viajes
“Estoy de pie
sobre un lago helado”
“No sé qué
significa eso”
”El lago helado
es el nombre
de lo que más
quieres en este mundo
y lo quieres , lo
quieres tanto
que harías lo
imposible
por llegar a ello.
Y tu corazón toma
el control.
Pero debido a eso
al final acabas destruido.
Está ahí de pie
en ese lago helado
y crees que eres lo
suficientemente rápido
como para ir y
cogerlo
antes de que el
hielo se resquebraje…
Y de lo que no te
das cuenta
…es que ya estás
de pie en el hielo ,
y que se está
resquebrajando a tu alrededor”
“ ¿Qué
intentas decirme con eso?
¿Qué no puedo
estar con la persona
que mas quiero en
el mundo?”
”Sí..” . Acabé
con aquella conversación
y me fui , Martín
no tardó en comprender
el
motivo de mi pesar
y por qué no
podía estar con él.
Mi padre me quería
mandar fuera del pueblo
para que no se me
ocurriera
ninguna estupidez.
Ya todo preparado,
quedaba despedirme de mi madre
y así lo hice.
Martín no se quedó quieto,
fue en mi busca,
allí donde me mandó mi padre.
Lo tenía todo
atado y bien atado.
Me liberó de las
garras,
de los sirvientes
de mi padre;
y huimos juntos a
las Américas
donde nada ni
nadie podía separarnos
donde nuestra
historia finalizó
y el amor imposible, quizás, no lo era tanto.
María Manuela
Cubero Lacalle 3ºESO-B